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  • ¡CINCUENTA AÑOS DE UNA HAZAÑA!...
    Febrero 2015

    ¡CINCUENTA AÑOS DE UNA HAZAÑA!...


    Cuando un grupo de hombres, lograron lo que parecía imposible.

    Época, en la que se hablaba de los viajes al espacio, se seguía comentando sobre la revolución cubana, comenzaba el auge de la literatura latinoamericana con nombres como: Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros.

    Aparecía en el celuloide, el personaje de “James Bond”; despuntaba en el “firmamento” musical una de las bandas más importantes del rock en el mundo, los “Beatles”.

    En Colombia, estaba por finalizar su mandato Alberto Lleras Camargo, quien había sido elegido como primer presidente del Frente Nacional, un pacto bipartidista intentando acabar con la violencia entre liberales y conservadores, que azotaba el país. Su reemplazo seria Guillermo León Valencia.

    En cuanto a lo futbolístico, los aficionados, especialmente los seguidores de millonarios, aun comentaban el título del año anterior al igual que el regreso de Delio “Maravilla” Gamboa del fútbol mejicano. Así mismo, la conversación obligada era, la clasificación de Colombia al Mundial de Chile y, si Brasil repetiría el título obtenido en Suecia en el campeonato pasado; también, si aquel morenito de diecisiete años apodado “Pelé”, redituaría esa “magia” mostrada en suelo europeo.

    La verdad, es que había mucha alegría por haber conseguido la clasificación al Mundial de Chile 62, en una ilusión que había comenzado con la eliminatoria anterior; cuando bajo la conducción técnica del argentino Orlando Orlandini, Colombia comenzó a soñar con estar presente en un torneo mundialista.

    Para la posteridad, quedaron registrados los nombres de los jugadores que sin una gran preparación, tuvieron la osadía de participar en aquella gesta, frente a Uruguay y Paraguay, buscando estar presentes en Suecia 58.

    Para 1962, el encargado de hacer el sueño realidad, fue Adolfo Pedernera, quien había llegado a nuestro país para la época del “Dorado”, con Alfredo Di´Stéfano, Néstor Raül Rossi y otras figuras del fútbol de aquellos años.

    Pues bien, Pedernera y un grupo de hombres, entre los que figuraban algunos que habían estado en la anterior eliminatoria, lograron la clasificación al mundial de Chile; quizá, la credibilidad que generaba el entrenador, el tesón y el deseo, más la experiencia de quienes estuvieron con Orlandini, hicieron que se realizara lo que parecía un imposible.

    Ya instalada en Chile y más concretamente en Arica, Colombia en el grupo I tuvo que enfrentar a la Unión Soviética, Yugoslavia y Uruguay.

    ¿Se imaginan enfrentar a estos equipos en aquella época? Uruguay, dos veces campeón Olímpico y mundial, los soviéticos, campeones olímpicos y, que contaba con Lev Yashin “La araña negra” considerado el mejor portero del mundo, los yugoslavos, también campeones olímpicos, además, con un gran jugador en sus filas Dragoslav Sekularak.

    Y fue allí, donde ese grupo de hombres confirmaron sus ganas, temperamento y deseo de escribir con letras de “oro”, su nombre y el de Colombia en los mundiales, principalmente, en el juego contra la Unión Soviética.

    En el primer partido, se pierde 2-1 ante Uruguay, en aquel entonces se consideraba un resultado decoroso.

    Llega el 3 de junio, Colombia enfrentaba a los soviéticos; el primer tiempo finaliza 3-1 en contra y, se veía venir la debacle para el equipo, más, cuando apenas a los once minutos del segundo tiempo, recibía la cuarta anotación. Pero a los veintisiete minutos Marcos Coll ejecuta un tiro de esquina, la pelota entra directo a la marco, cuando se confunden el defensa y el portero, ese gol “olímpico” no solo fue el descuento en el marcador, sino que pareció una inyección anímica, para todos los muchachos, luego, llegarían los goles de Antonio Rada y Marino Klinger para empatar el partido.

    A los cuatro días, la derrota con “paseo” incluido ante los yugoslavos, pero ya se había escrito la gesta. Desde aquel tiempo, se conoce a Marcos Coll como el “olímpico”.

    Con motivo de uno de los partidos en la ciudad de Barranquilla, por las eliminatorias a Brasil 2014, quise dialogar con Marcos Coll, el único autor de un gol “olímpico” en toda la historia de los mundiales.

    Esa tarde cuando me dirigía al lugar de su residencia al norte de la ciudad, se agolpaban en mi mente los recuerdos de las fotografías, lo leído sobre el tema en las viejas y amarillentas revistas, al igual que en los periódicos de aquellos años; las imágenes en blanco y negro un tanto borrosas, registradas por la televisión, así mismo, los emocionantes relatos de los narradores de la radio de aquella época.

    Igualmente, pensaba que pocas cosas han cambiado en nuestro país a pesar del transcurrir de los años, hace cincuenta años se realizaban pactos de paz, hoy se continúa hablando de lo mismo; cuando un problema perdura por tantos años, mucho de responsabilidad deben de tener nuestros mandatarios, pero mejor no me meto en honduras. Tal vez, como lo dice Úrsula Iguarán en Cien Años de Soledad: “No es que el mundo dé muchas vueltas, sino que la historia se repite”

    No había estado en días lluviosos en esta ciudad, pero pude comprobar de cerca los problemas que tienen los barranquilleros con los arroyos. Lo más triste, es que no se ve una solución a corto plazo a un problema, que no solo afea la ciudad, sino que ha costado vidas de gente que es tan alegre y hospitalaria.

    El día había comenzado lluvioso, el calor era sofocante, recorriendo sus calles se observaba en ellas y en el ambiente se percibía, las huellas del fuerte aguacero del día anterior; cuando me subí al carro, refresqué mi humanidad con el aire acondicionado de este. A través de la ventanilla, veía como las personas mantenían su optimismo, su alborozo y, pensaba cuan estoicos somos los colombianos, quizá… por el amor que le tenemos a nuestro terruño, o tal vez por resignación…

    Ya en el conjunto de apartamentos, la tarde continuaba grisácea, el calor no dejaba de sofocarme, como suele acontecernos a los “cachacos” que llegamos de la “nevera”; lo que si experimenté fue un ambiente de serenidad, matizado por el trinar de una que otra ave cruzando los aires de aquel lugar.

    Después de anunciarme atravesé el parqueadero, una leve brisa trataba de refrescar la tarde, aunque en mi no hacía mucho efecto.

    En la puerta de su apartamento, ya estaba esperándome aquel hombre curtido en las lides del fútbol, vestía un bluyín con una camisa a cuadros de manga corta. Con la serenidad que solo dan los años, me invito a pasar; desde el primer momento pude palpar su gran amabilidad.

    Nos sentamos en un sofá situado en un rincón de aquella sencilla sala, que de entrada me inspiró una sensación de apacible tranquilidad.

    En ese preámbulo, fue hasta una mesita que se encontraba cerca de donde estábamos, trajo un álbum, me mostró algunas fotos del mundial de Chile, de algunos de los equipos en los que estuvo en el fútbol profesional colombiano, de su hijo Mario Alberto en la época de jugador y, otras ya del entorno familiar. Me hablo de la familia, de su señora Ruby.

    Así, comenzamos nuestro diálogo con esta legendaria figura del fútbol, que se estrenó en el balompié colombiano a los diecisiete años y que militó en América, Medellín donde fue campeón, Deportes Tolima, Quindío, Bucaramanga y el Atlético Junior.

    Bueno maestro, ¿qué piensa, que se siente ahora que se están cumpliendo las bodas de oro del gol “olímpico” y, ser el único en haberlo marcado en un mundial?

    Su rostro se ilumina con una sonrisa, con una emoción que no puede ocultar y, casi que atropellando las palabras, responde.

    Se podrá imaginar, para mi había mucha pasividad, pero ahora, me impresionó profundamente ver todo lo que se hizo en Colombia, porque no fue solo en Barranquilla, en mi vida de deportista había yo dado tantas declaraciones, reuniones con los periodistas; ha sido una cosa impresionante y, en realidad en el fondo de mi corazón yo siento una inmensa alegría, yo pienso que ha sido un regalo de Dios, para mí lo sostengo, ahora… si hay otro gol “olímpico” bienvenido, pero la gente dirá: “El primero fue de un barranquillero o de un colombiano, que fue Marcos Coll”. Pero créame sinceramente, que esta ha sido la oportunidad de sentir que valió la pena por Colombia, por mis compañeros, por mí.

    ¿Siente que se le han brindado los homenajes, que requería este acontecimiento? Porque si hubiese sido un argentino por ejemplo, se imagina los “ríos” de tinta que se hubieran gastado en periódicos, revistas, la cantidad de horas dedicadas en radio y televisión.

    Casi sin dejarme terminar, inmediatamente señala.

    Bueno… le voy hacer sincero, en esta oportunidad sí, porque en las otras oportunidades pasaba y, yo no me daba cuenta sinceramente de que era fecha de cumplimiento del gol “olímpico”, pero en esta oportunidad no me explico, ese alboroto por decirlo de alguna manera, de Ecuador me llamaron, me llamaron de Argentina imagínese usted, yo decía por favor ¡que es esto…! de mi país bendito sea Dios, ni se diga, vinieron periodistas de todas partes, de todas partes me llamaron, es un regocijo que yo lo comparto con mi país, con mi tierra, con mis amigos, siempre he mantenido una posición que trato que Dios quiera siempre sea así de amabilidad, de poder establecer un contacto rápidamente con una persona que no conozca como usted en este momento. Así ha sido mi vida.

    ¿Pueda que no sea el más bonito, pero es el único hasta el momento y, ya son cincuenta años?

    En su cara vuelve a aparecer esa sonrisa, de satisfacción, de timidez y, dice.

    Es que yo mismo estaba impresionado. Esa noche no dormí pensando… que yo Marcos Coll un morenito de Barranquilla, colombiano, le hiciera un gol al mejor portero del mundo y como había sido, entonces yo decía Dios mío que regalo tan lindo… y pensaba y pensaba… en la jugada.

    ¿Y cuando regresa, como le demuestran los barranquilleros su alegría?

    Yo directamente llegué a Cali, porque estaba en el América, hubo algunas manifestaciones de la gente, me hicieron algunas entrevistas, cuando yo llegué acá también pero no como ahora, hasta yo estoy sorprendido de todo lo que ha pasado.

    ¿Campeón con el Medellín?

    En su faz y en sus palabras vuelve a reflejarse la emoción, la alegría de aquel recuerdo.

    Eso ha sido otra cosa linda, que me ha podido suceder. Primera vez que salía de Barranquilla, con las figuras que tenía ese equipo y, ser campeones… eso fue muy lindo.

    Lo que le iba a contar es que yo debuté aquí con el Sporting, contra el Banfield, tenía diecisiete años, se lesionó un jugador y me tocó a mí entrar a jugar en un partido apretado y, a los diez o quince minutos marqué el tercer gol, imagínese se quería caer el Romelio.

    Después de eso pasar al Independiente Medellín, con la cantidad de estrellas que contaba ese equipo, comenzando por José Manuel “el charro” Moreno, Retamozo, Seghini, Larráz, Carlos Arango, yo que era admirador del River, además, leía en el gráfico que a su delantera le decían la máquina: “El charro Moreno, Pedernera, Labruna, Loustau y Muñoz, posteriormente estar con Pedernera y Moreno, dos monstruos del fútbol argentino, ese es otro regalo de Dios.

    ¿En ese tiempo no se manejaban las cifras de hoy en día, pero el fútbol daba para vivir, de eso le quedó algo de ahorros, se puede decir que la vida futbolística lo ha premiado?

    Yo siento que sí, yo siempre fui una persona muy responsable de mi hogar, tengo mis hijos educados son profesionales, le doy gracias a Dios de mantenerme en ese nivel, de no haber tenido ningún inconveniente.

    ¿Le picó el “bichito” de la dirección técnica o no?

    Estuve en dos oportunidades con Junior, donde más permanecí fue con la Selección Atlántico, recuerdo una final nacional contra Antioquia, linda final y el fútbol que se jugaba, dos equipazos, quedamos subcampeones.

    Estando en la selección, me hicieron una muy buena oferta del Cerrejón, estuve veintidós años, estoy recién llegado.

    ¿Qué hay de la vida de Mario Alberto?

    Mario Alberto, está viviendo en los Estados Unidos desde hace once o doce años, es administrador de empresas, fue un volante de muy buena condición, jugó en Junior, América, Millonarios y Unión Magdalena.

    ¿Cuántos años de matrimonio?

    Cincuentaisiete años.

    Lo que quiere decir, que hace siete celebró las bodas de oro de casado, y este año celebró las del gol “olímpico”, pocos se dan ese lujo.

    Con una amplia sonrisa, manifiesta.

    Si así es, por eso también le doy gracias a Dios, por haberme dado una gran mujer, una gran esposa y una gran familia.

    Y así, terminamos la charla con esta leyenda del balompié colombiano, pero más que un reportaje, desde este medio, queríamos brindarle un pequeño homenaje a un hombre, al que hasta ahora después de cincuenta años, se le viene a reconocer lo que significa de verdad su logro.

    Yecid Corredor Acosta
    Periodista Acord-Bogotá